El bajel

El barco me gustó. Desde fuera parecía hasta más grande de lo normal. Tengo que regresar a Tenerife donde vivo actualmente. La gente aquí viaja con bastante frecuencia entre las islas. Como yo hay personas que viven en una isla y trabajan en otra, muchos son camioneros, bomberos, profesores, etc. 

Había dos ambulancias, ¿traslado por revisión o venían de la DANA o también llamada gota fría? Ahora tocó en Valencia.  La gota fría es el nombre de toda la vida que nos calló a nosotros, los canarios, la primera de ellas fue conocida como el aluvión de 1826. Terrible. Imagínate que nos pase eso y estemos en este barco. Los barcos no tienen cinturones de seguridad, tienen chalecos salvavidas.  

Desde pequeña sé que el mundo es un charco con trozos de tierra por doquier y todos contienen personas, animales, plantas y cosas.

Seguimos con el barco, viejo y sucio, de los que se mueven mucho, estaba sentada en un pequeño sillón con respaldo corto, la cabeza estaba dando sacudidas, la mesa baja y pequeña, redonda, con otro sillón enfrente, al lado el expositor de la tienda del barco, perfumes y chuches. Carísimo todo.

 Yo soy de las que no me marea ni un temporal, el truco es caminar dando zancadas largas o con pies abiertos que es lo mismo, tomar poca sal y líquidos densos. Todos compran papas fritas y agua lo cual es un craso error. 

El barco es un vestigio de la antigüedad. solo había enchufes donde yo me senté. Enfrente tenía algunos pasajeros sentados en filas con sillones, unos rojos y otros grises, con cabezales, diría que muy usados. Debajo de cada asiento, su respectivo salvavidas. 

Los pasajeros estaban rosaditos, de un color casi normal en los extranjeros o pasajeros españoles habituales, a veces también tenemos personas de colores variados como los negros o los hindúes, a esos se les nota menos el cambio de color a lo largo del viaje, ya que normalmente el mar se mueve, o el barco, como en este caso.

Habían cambiado el barco porque el otro tenía una revisión anual de dos semanas, Señores armadores ¿no habría que renovar estos barquitos?

Entre idea e idea que se me pasaba por la cabeza, miraba una película y debido a unos bandazos considerables mis ojos bailaban del mar al cielo.

De pronto me doy cuenta que un señor gordito, de los que comen papas fritas con sal, calvo, que antes estaba rosado y ahora de color indeterminado, miraba fijamente al escaparate de la tienda o a mí, yo estaba en medio por eso no estaba segura de a qué o a quién miraba, era una mirada fija. Seguí escuchando mi película de navidad donde todo termina bien y el único ruido que se escucha es la música, me encanta, por eso me senté al lado de los únicos enchufes que tiene el barco. 

De pronto la película paró. Me levanté manteniendo la estabilidad, como antes les mencioné. El barco subía y bajaba como en una noria. Le pregunte a la azafata por qué se había parado internet.  Me contestó con toda la tranquilidad del mundo marinero (eso es mucha serenidad) que allí no había wifi. Había estado utilizando mis datos, ¡me iba a dar algo! los guardo para las emergencias reales. 

 Todos los barcos tienen wifi, aunque de vez en cuando en medio del mar se corta la conexión. Entre Gran Canaria y Tenerife hay una distancia de 38 millas, equivalentes a 70 km, para que nos hagamos una idea estamos a 70.000 metros entre aguas. En medio del trayecto desaparece la wifi siempre, como en los grandes desastres. 

Pues no me quedó otra que mirar la tienda y volver a mi sitio, otra vez a leer y no te lo puedes creer, pero escuché un ruido gutural, el hombre que yo creía que estaba mirando de forma sospechosa no miró nunca de forma sospechosa, tenía la vista perdida, estaba verde y la azafata le ofreció dos bolsas color marrón, las utilizó. También le ofreció una bolsa con cubitos de hielo para ponerlos en la nuca, son muy efectivos, pero él la rechazó, un error muy grande, echo la bilis. Pidió perdón en italiano a todos los presentes, los demás estaban pálidos, todavía estaban en el mareo de la náusea. Todo llega a su tiempo. Los niños llorando y los demás palideciendo.

Yo, impávida, después de tantos traslados, profesora del gobierno de canarias, mucha suerte tendría si no hubiera sido destinada en más de una ocasión fuera de mi isla. Ahora mi isla son todas.

Los humanos me recuerdan a las hormigas y los dos conceptos comienzan por la misma letra, la “h” ¿no será una percepción del subconsciente colectivo? Viajando y buscando, en constante movimiento, pero en el barco no se mueve nadie, quietos, anclados a sus asientos, ya tiene el barco su propio vaivén.

Voy vestida con un ligero conjunto de pantalón y blusa blancos porque hace un calor de veintiocho grados. Destaco esto porque vi a un señor que tenía el uniforme de la compañía negro de sucio, “mecánico seguro” pensé, ¿y si el motor se para? 

No se paró. Buen mecánico seguro.

Llegué a Santa Cruz de Tenerife media hora más tarde de lo acordado en el billete. a pesar de todo valió la pena, mi coche me estaba esperando en el garaje del bajel, antes olía a brea, ahora no, un detalle considerable.

Imagino a los que viajaban en navíos a algún lugar hace años o siglos ¿sería una fiesta?

Blanca Quesada