Velocidad de las flores

VELOCIDAD DE LAS FLORES

En el jardín de hoy tiembla el fruto de mañana.
Una flor se pudre junto a otra flor,
la grama por debajo
la acogerá como los brazos de un padre.

Pétalo a pétalo,
aceptan el rumor del verano como destino.
Se abren al rocío, al viento, al canto de las abejas
sin jamás temerle a nada:
ni a la ira de las tijeras, ni a la humedad blanca
que desdibuja su belleza.

¿Quién pudiera
—erguido y silencioso como el tallo—
tolerar la lenta podredumbre y creer
en el ciclo sagrado de la vida:
calvario, crucifijo, tumba y resurrección,
y confiar en las primaveras por venir?