Novelas negras

La maison à l’arbre rouge de LÉO GAUSSON (1860-1944)

Los dos hombres se acercan, levantan a Maroilles cada uno por un brazo, lo arrastran hacia el centro del avión, abren la puerta, y lo empujan. El Mediterráneo es de un azul violento, dos mil metros más abajo.

Cierran la puerta, todavía no es mi turno.

Tres días antes, almorzábamos juntos en un bar del viejo puerto de Marsella. Una pequeña furgoneta se detuvo de repente delante de nosotros, cuatro encapuchados armados hasta los dientes salieron y, antes de que nadie pudiera reaccionar, estábamos embarcados. Nos interrogaron por turnos. Los golpes llovían, golpeaban duro. A Maroilles ya lo había dejado casi muerto, tenía que hacer algo.

—Él no sabe nada, grité, perdónele la vida, soy el único que sabe algo, pero no diré nada.

Querían saber dónde habíamos escondido el dinero. ¿De qué dinero estaban hablando? No tenía ni idea. Y no me falta la imaginación. Soy autor de novelas negras, como la Casa de Papel, ya saben lo que quiero decir. Me gusta contar grandes golpes, cuidadosamente preparados, casi científicamente. Un poco de sexo, un montón de suspense, y si lo logro, hacemos con mi relato una película o una serie. 

Maroilles es el compañero de mi héroe habitual, nunca lo sacrificaría o al menos no lo mataría. No sé quién escribió este guion, no yo, por favor. Lastima que en los programas de TV se toman esas libertades. Conan Doyle nunca habría matado a Watson, aunque intentara matar a Sherlock.

Ahora tendrán que resucitarlo. Eso sí que voy a escribirlo yo.

Jean Claude Fonder