Selva y simbiosis

La canoa se desliza sobre la densidad luminosa y oscura, abriéndose camino entre balsas flotantes de plantas acuáticas y maravillosos nenúfares, hasta tocar una orilla camuflada entre ramas y troncos caídos, en esa danza de vida y muerte que es la selva. Al penetrar en esa matriz verde, las lanzas de luz se precipitan desde las copas gigantes de ceibas, caobas y hules, iluminan húmedos helechos prehistóricos, lianas, orquídeas de acuarela y rojos sanguíneos de flores carnosas.

La hojarasca favorece el mimetismo de insectos, lagartos, culebras y ranas. Bajo el dosel verdeante compiten por la luz guacamayas multicolores, monos chismosos, iguanas, mapaches, tapires…  La respiración de la selva está hecha de susurros y silbidos. Es un palpitar de miles de seres en mágica simbiosis. En la farmacia de la selva los curanderos encuentran remedios para las enfermedades. ¿Tendremos la sabiduría para aprender de esa universidad desconocida, aún sin clasificar “científicamente”?

Siento que me sumerjo en ese magma vivo del que hago parte, con mis raíces, musgos y hongos que penetran en las profundidades del ciclo eterno de vida y muerte. 

Se oyen, de repente, motosierras asesinas y llamas infernales que aniquilan toda esta vida pulsante, dejando a su paso áridos desiertos. Tengo sed. ¡Están pasando la aspiradora por la casa y han abierto las ventanas para que entre el sol en esta mañana de verano!

Maria Victoria Santoyo Abril