Colores

La pesca en primavera
Vicent Van Gogh

Vincent ha montado su caballete a la orilla del Sena, en un camino que discurre a lo largo del rio, en Asnières. El lugar es tranquilo, a poca distancia del puente de Clichy, bajo la protección de un pequeño grupo de árboles, dos barcas amarradas a unos pilotes improvisados, la corriente aquí no es muy fuerte. Un pescador está sentado en una de ellas, abrigado en su ropa impermeable, un sombrero clavado en la cabeza, el tiempo será muy fresco tan cerca del agua en esta mañana de primavera. Todavía es temprano, un sol pálido, blanquecino, surge lentamente, a lo lejos, detrás del puente.

Es su amigo Paul Signac, quien le aconsejó el lugar. No utiliza la técnica del puntillismo, sino que practica un divisionismo moderado e innovador. Sin embargo es gracias a él que descubrió el color. Están muy lejos sus inicios en Holanda, y las pinturas sombrías que hacía entonces.

Observa atentamente la escena que está prácticamente inmóvil delante de él. Solo sobre el puente algunos paseantes se desplazan. El pescador, por su parte, prácticamente no se ha movido desde esta mañana. No lo había visto pescar un solo pez. Es una práctica que no entiende, esta inmovilidad, esta soledad, que él soporta sólo porque pinta, tiene que estudiar su sujeto, analizar la perspectiva, descomponer los colores, transmitir la emoción que siente frente a la naturaleza.

Y justamente notó entonces que la primavera en París era todavía muy tímida, había utilizado mucho blanco, en el agua y en el cielo, hasta el sol lo había pintado de blanco. ¿Dónde estaba el amarillo brillante de un sol deslumbrante que reinaba en medio de un cielo azul intenso? ¿Dónde estaban estos colores luminosos que una primavera mediterránea le habría permitido desencadenar sobre sus telas, imponiendo en su paleta una intensidad mayor de tonos y sugiriéndole acuerdos cromáticos de una fuerza inédita? Habría querido encontrar acentos nuevos para transponer la vibración coloreada y luminosa de las apariencias sensibles. Confundido, para decirlo así, con la luz, el color, que es también materia, confiere a los seres y a las cosas un aumento de presencia y de realidad. 

Tenía que seguir los consejos que le prodigaban sus amigos y sus compañeros Toulouse-Lautrec y Gauguin y trasladarse al sur de Francia, a la Provenza posiblemente.

Contempló por la última la vez el cuadro que acababa de terminar, replegó su material y saludó al pescador agradeciéndole su presencia.



Jean Claude Fonder