El tren silencioso

La tierra había sido quemada, destruida y una capa de radioactividad la envolvía.

Los hombres, algunos hombres, los que sobrevivieron a las guerras se enterraron en las profundidades y se instalaron en pequeños grupos a lo largo y ancho del planeta.

Poco a poco se fueron uniendo y para reunirse crearon un tren. 

Las líneas iban de polo a polo y envolvían la tierra de este a oeste.

El tren recorría las entrañas de la tierra.

El tren flotaba sobre las líneas sin tocarlas.  Reemplazaron las líneas por imanes y otros imanes en lugar de las ruedas. Los imanes con la misma polaridad se repelen. El tren flota. Los imanes con opuesta polidaridad se atraen. El tren avanza.

Un día en el tren se sienta un anciano. Y luego, al frente, se instala un joven.

–  Kalimera le dice el anciano.

El joven interroga con la mirada.

–  Nadie sube dos veces al mismo tren.

La mirada del joven muestra su sorpresa.

–  Ni el tren es el mismo y quien sube tampoco es el mismo.

   Todo fluye. Nada es. Todo cambia …

En la superficie de la tierra algunas hiervas parecen resistir a la terrible radiación. 

En el tren el anciano continúa.

–  cuando tú subas de nuevo, algo del tren, tal vez algo imperceptible habrá cambiado. El tren no será el mismo.

En las profundidades de la tierra el tren se detiene. Hay quienes descienden, hay quienes suben.

–  Y tú, tú también habrás cambiado. 

Un silencio profundo se instala. El tren avanza a una increíble velocidad sin un ruido.

–  Piensa en el mundo, en el inmenso universo, no como algo fijo que es como era.

–  Imagina el universo como un soplido poderoso. Como un viento que se mueve siempre. Nada es fijo, todo cambia. 

–  De allí nace el profundo pasado, el breve presente y el impredecible futuro.

Sobre la tierra quemada algo parece nacer.

–  Y solo podemos conocer el pasado. El presente, en realidad es pasado, pasado próximo, pero es pasado. 

–   Y tú mismo, ¿quién eres?

–   tal vez algunas partículas reunidas por un instante por ese viento que a veces llamamos tiempo.

El tren se detiene. Hay quienes descienden, hay quienes suben. El tren, en silencio, parte de nuevo para alcanzar su extraordinaria velocidad.

–  La próxima vez que nos encontremos nos reconoceremos, pero algo habrá cambiado en nosotros, por ejemplo, no te repetiré lo que ya sabes porque ya lo sabes.

Cuando el tren se detiene otra vez el viejo se alza y descendiendo dice:

–  Kalinichta


Patricio Vial

La Playa lejana y la escuela vacía

En puerto Montt, al sur de Chile, allí donde el continente se sumerge en el mar, cerca de la playa de Pelluco, cerca de la playa embarcadero de la isla de Tenglo... allá existía un pedazo de tierra vacío, desocupado... se llamaba Pampa Irigoin.
El 9 de marzo de 1969 ese lugar cercano a la playa fue ocupado por pobladores sin casa. Lo ocuparon para construir algo donde vivir con sus niños y sus familias.
El ministro del interior de la época ordenó su desalojo. Carabineros recibieron la orden de cargar y disparar.
9 fueron los muertos y un bebé ahogado por las bombas lacrimógenas...
Los ecos de la matanza corrieron en todo el país... la conciencia de los estudiantes nos llevó a actuar.
Sí. Entonces yo estudiaba ciencias políticas en la Universidad de Chile, en Santiago, lejos de la playa, a 1000 kilómetros de Pampa Irigoin.
La escuela de Ciencias Políticas se situaba entonces en una antigua mansión en pleno centro de Santiago, en el cruce de dos calles importantes, no lejos del congreso y rodeada de mansiones similares más o menos de la misma altura.
El 19 de agosto de 1969 los estudiantes del país proclamamos una huelga general con ocupación de universidades y bloqueo de las calles exigiendo la destitución del ministro culpable de la masacre.
Ocupamos entonces la Escuela de Ciencias Políticas y bloqueamos el tráfico de las calles adyacentes.
La calle más importante, delante de la gran puerta de la escuela fue rápidamente bloqueada y se cortó el tráfico por esa arteria.
Recorriendo las salas de clases descubrí de repente una cantidad de botellas...
¿Qué es? Pregunté.
— Son molotov.
— Molotov?
— Si son bombas molotov, botellas repletas de bencina o alcohol y con un mecha. Se prende la mecha y se lanzan... al caer el vidrio se rompe y el líquido se inflama...
Rápidamente llegó la información de que no lejos los estudiantes habían incendiado un bus de los carabineros arrojándole molotov ...
Pero por la otra calle, donde solo había una puerta de servicio, no había barricada... el tráfico podía pasar.
Entonces dije que había que formar una barricada y bloquear esa calle también.
Partí seguido por estudiantes de liceo que se habían agregado a la protesta.
Formamos una cadena.
No vi cuando los carabineros cargaron a nuestras espaldas... los estudiantes de liceo escaparon a toda carrera, quedamos solo uno de secundaria y yo.
No había donde refugiarse.
Vi que al otro lo cogía un carabinero y sentí que me agarraban firme por detrás.
Desde el techo de la escuela una voz:
— Si no los sueltan lanzamos las molotov
Entonces el carabinero que me tenía cogido desenfundó su revolver y lo apoyó en mi nuca
— Si tiran el primero que cae es este.
Yo pensé que no iba a disparar, que agravaría el conflicto político...claro, yo pensé como podría haber razonado el ministro, pero detrás, con un revolver en mi cabeza, había solo un cabo de carabineros y no el ministro...
Aparecieron unas molotov en el techo...
De pronto llegó la orden de evacuar y la patrulla se puso a correr en dirección de sus buses.
Nos llevaban al muchacho y a mí de escudos...
Si nos subían al bus... sabíamos que allí era la paliza sin testigos. Había que liberarse antes, pero ¿cómo?
Vi que de repente el muchacho tropezó y cayó... el carabinero que lo tenía lo dejó botado y siguió corriendo.
Entonces, me dije, si me chanto me larga... o...
— O me suelta o me dispara...
— Somos los últimos...
— Me arriesgo.
Y me planté...
Bueno, uffff,
¡No! Detrás venía otro más.
También siguió corriendo sin preocuparse de mí.
Vi que el estudiante siguió cojeando y desapareció.
Quedé solo en la calle desierta.

Me fui a la puerta secundaria de la escuela... golpée...
Golpée más.
De repente se entreabrió la puerta. Entré….
Dentro, vi que todos lloraban.
Pronto entendí por qué.
Por razones legales los carabineros no podían forzar la entrada a locales universitarios, pero...
Pero nos bañaron con bombas lacrimógenas...
Era casi imposible respirar.
Pronto entendí por qué.
Tirarse al suelo, mojar un pañuelo con orina y ponérselo en la nariz, o con bicarbonato...
Había que resistir. Llorar, pero no salir. La escuela debía estar ocupada hasta que llegara la consigna de retirarse.

¿Retirarse? ¿Salir? ¿Cómo?

Al anochecer, cuando las lacrimógenas se habían calmado se organizó una reunión con un importante diputado socialista.
¿Cómo entró? Por la puerta grande imposible.
Por la puerta chica... pero ¿quién iba a abrir?

Entonces el diputado tomo la palabra y nos explicó que debíamos desocupar la escuela y dejar a los carabineros custodiando un edificio vacío.

Me dije.
Excelente, pero ¡cómo salir!

El diputado dijo:
Hay que salir por el techo
Por el techo hay que pasar a la casa de al lado. Los techos están al mismo nivel.
La casa del lado no es una casa, es un hotel parejero. Vienen parejas, arriendan una pieza y luego se van.
No se olviden. Este hotel está al lado derecho de la entrada principal de la escuela. Salen en parejas y toman a la derecha y se alejan de la escuela.
Mañana haremos público que el ministro hace custodiar casas vacías. Quedará en ridículo...

Subí al techo y esperé mi turno.
Cuando llegó no quedaba ni una compañera.
Voy a tener que salir solo. Va a ser poco creíble...
Entré al hotel por una ventana en el techo, bajé piso por piso hasta la puerta de entrada ... salí pensando que salir solo era un riesgo.

Y preocupado por ir solo, al salir tomé a la izquierda.... a la izquierda y no a la derecha como previsto!
¡Mierda! Cuando me di cuenta era tarde. Estaba justo en la entrada de la escuela delante del carabinero de guardia.
¿Qué hacer? El carabinero me miró fijo.
Entonces dije:
— ¿Qué pasa? ¿No se puede entrar a la escuela de ciencias políticas?
— No señor. Ni entrar ni salir
Respondió el carabinero de guardia.
— Entendido — dije
— Ni entrar ni salir.
¡Y me fui rápidamente dejando atrás al carabinero custodiando la escuela de ciencias políticas ... vacía!
...
Los hechos ocurridos cerca de una playa de Puerto Montt no solo han tenido un eco a 1000 kilómetros de distancia, también siguen resonando lejos en el tiempo...
A mis casi 80, viviendo exilios y derrotas, sigo creyendo, como a mis 21 años, que todos tenemos derecho a educación, a comer, a la salud y a una vivienda digna.
El eco de una playa lejana sigue rebotando hasta hoy día.

PS.
El gobierno de Salvador Allende entregó viviendas a esos pobladores y en lo que fue Pampa Irigoin se alza un monumento que recuerda lo sucedido cerca de la playa de Puerto Montt.


Patricio Vial

Una rueda que non rueda

Cae lenta la noche cubriendo el mundo con su misterio. Todo está oculto, también el Entre los ríos Karkenoth y Dez se alzaba una montaña hecha por los hombres.

Cuentan que allí, hace tiempo, los hombres inventaron una rueda que no rueda.

Susa nace hace cerca de 9000 años, pero su magnificencia es de hace cerca de 5000 cuando inventaron la rueda que no rueda.

En el centro se alza la montaña sagrada, el zigurat en lengua elamita. Una montaña hecha de ladrillos y rodeada de una escala que permitía al sumo sacerdote acercarse al lugar donde habitan los dioses.

Grandes y ricas túnicas eran las vestimentas del rey y de los nobles.

Taparrabos y pobres faldas vestían campesinos, artesanos y aquellos que hacían rodar las ruedas que no ruedan.

Más tarde la rueda serviría para el comercio y la guerra, como en el Egipto de Ramsés, y hasta… Hasta que terminemos con las guerras.

En Susa, cuando gobernaban los elamitas, la rueda no rodaba ni servía para hacer la guerra.

Cuentan que al alba, apenas amanecía, un hombre se alzaba para hacer rodar la rueda que no rueda. Y así sucedía en muchas habitaciones humildes.

Gran parte de la grandeza de esa antigua ciudad se debió a la rueda que no rueda.

Un hombre hacía girar un plato, sobre él había colocaba arcilla y con sus manos la modelaba y a medida que el plato giraba iba arrancando formas escondidas en la tierra.

Y hasta hoy hay quienes crean belleza utilizando una rueda que no rueda pero que gira y gira, llamada torno, y que seguirá girando quizás hasta el fin de nuestro tiempo.

Es allí 

Grandes palacios y antiguos templos se construyeron gracias a la rueda que no rueda.


Patricio Vial

La herencia

Triste herencia, por Joaquín Sorolla (1899)

Cae lenta la noche cubriendo el mundo con su misterio. Todo está oculto, también el futuro.

Acuesta al niño, lo cubre con su cariño y dulcemente lo hace dormir

El niño duerme, entonces enciende la tele como si fuera una ventana para mirar el mundo

Ve allí que los más ricos son cada vez más ricos mientras hay niños que no tienen escuela ni qué comer…

Ve drones, tanques…hombres destruidos.

Todo es competencia, violencia… Quien es más …

¡No!

No todos… Hay también quienes manifiestan. Hay quienes quieren otro mundo, un mundo de colaboración, un mundo fraternal, un mundo sin miseria. Otro mundo… Pero no logran mucho más que protestar. Sin embargo, algo queda, algo dejan. Algo como una luz en medio de la noche.

Mira la noche. Lejos se asoma una estrella pequeña.

Se acerca a la cuna, mira al niño, sonríe y susurra:

«Tú eres la esperanza de un mundo mejor. Mi legado es solo una Luz…»

En el cielo aun impera la noche, pero ahora hay miles de estrellas que brillan en la obscuridad. Y ahora, a veces, son las cosas que tengo que hacer al día siguiente, o los problemas de familia que me despiertan de golpe en medio de la noche… pero esta es otra historia.


Patricio Vial

El mensaje del árbol

Era enorme el árbol. Lo abracé y sentí… No sé describir con palabras la emoción profunda que me embargó.

Con su inmensa calma el gigante parecía dormido.

Creo que él era el centro del bosque. Tal vez era él el centro del mundo…

Mis brazos alcanzaban apenas a abrazar una pequeña parte de su poderosa cintura.

Una emoción muy especial me embargó. No sabría describirla. Era como penetrar en los secretos del mundo, como penetrar en algo indecible… sentí que el inmenso árbol me aceptaba, que me entregaba algo de sus secretos, algo que muchos otros no podrán jamás sentir.

Sentí el susurro de la brisa contra mi piel y el murmullo de las hojas que parecía traer mensajes desde muy lejos…

Sentí que algo profundo y extraño estaba sucediendo. 

Sentado, apoyé mi espalda en su tronco y lentamente me dormí entre sus raíces.

Yo era parte de la foresta, parte del inmenso árbol.

Sentí que el árbol quería transmitirme un mensaje.

— El viento lleva los rumores del mundo— dijo.

— Pero los árboles llevamos historias y mensajes en nuestras raíces. Así nos llegan avisos y viejas historias traspasadas de raíz a raíz…

Un largo silencio. Luego prosiguió:

— nosotros, los árboles, sentimos el peligro y enviamos mensajes con nuestras raíces a través de la tierra.

— ¿hay algún peligro? — pregunté 

— el ruido de la motosierra es lejano, pero avanza matando árboles y bosques— respondió

— cierto— dije— pero los hombres sabrán detenerse antes de destruir todo la foresta. 

Antes de dormirme dulcemente entre las raíces del gran árbol me pregunté si los árboles también sueñan.

Lentamente, en el sueño, se fue formando una imagen.

La imagen de una isla. Comprendí que era Te Pito O Te Henua.

Sus habitantes la consideraban el Ombligo del Mundo.

Hace años, muchos años, Ombligo del Mundo era habitada por un pueblo que se llamaba a sí mismo Rapa Nui. Un solo tipo de árbol crecía en la isla, el Teodomiro.

Para construir sus balsas de pesca o para hacer fuego los Rapanui utilizaban la madera de ese árbol.

Vi que, lentamente, los hombres aumentaban y prosperaban. 

Vi también que, lentamente, los Teodomiros disminuían y disminuían…

Cada vez eran más los hombres y cada vez eran menos los árboles…

Hasta que… ¡Hasta que… hasta que los hombres cortaron el último árbol!

Se hizo un gran silencio en todo la foresta. 

Entonces escuché una voz profunda diciendo: — ya ocurrió una vez… ¿Que nos asegura que no ocurrirá otra vez?

Me desperté sobresaltado. En mi espíritu una duda surgió:

¿Soñé yo que el árbol me contaba una historia o … el árbol soñó, él, que me contaba una historia?

Nota:


El ombligo del mundo o rapa-nui es una isla de Chile. El último árbol se extinguió, pero hay búsquedas en laboratorio para reproducirlo. Se ha podido reproducir en laboratorio, pero no ha fructificado en la isla.

La razón es que necesita ciertas bacterias. Al mismo tiempo las bacterias necesitan al árbol para reproducirse. A falta del árbol las bacterias también se han extinguido

Patricio Vial

Paseo de verano

Camille mira lejos, muy lejos...el cielo, de un celeste sutil, sembrado de blancas nubes que parecen preñadas de luz, se pierde en la distancia. 
El mar, de un dulce azul tiende al morado cuando se acerca al horizonte.
Camille, cubierta por un quitasol que la protege del presente, fija su mirada lejos, muy lejos de ahora. Con calma, sus ojos miran más allá del ahora. Camille se interroga sobre el futuro. Es allí donde se fija su mirada.
¿Qué alcanza a ver Camille?
¿Tal vez distingue algún drone invisible para los otros paseantes o se interesa por alguna Inteligencia Artificial?
¿Alcanza a ver una IA capaz de crear un paseo de Monet un siglo después que el pintor abandonara playa y flores...?
A su lado un joven, tal vez es Oscar, tratando de ver lo que ella ve.
En el horizonte ella ve guerras donde los hombres se matan, unos dicen defender ideales, otros hacen negocios financiando armas y apoderándose de los despojos.
Nada nuevo, en todas las guerras ha sido así.
Pero...
Tal vez ella alcanza a ver el tiempo en que muchos hombres y mujeres silenciados por los poderosos, se unen, forman una cadena de manos entrelazadas y cambian el futuro. Tal vez ella alcanza a escuchar los versos de uno de ellos que dicen:

Soy nacionalista y patriota
Eso soy
Mi nación se llama Humanidad
Y mi patria, mi tierra
Es la Tierra
Toda la Tierra.

Oscar, mirándote a ti, paciente lector, agrega:
— ¿y por qué no? El futuro también depende de ti.


Patricio Vial

El secreto del robot

Abrió una vez más la caja que contenía el secreto.

Dejó, una vez más, que su mente recordara la historia de la desaparición de la humanidad.

En la última de sus múltiples guerras entre humanos, algo anduvo mal, muy mal.

Unos dijeron defender grandes valores y los mandaron a morir por la libertad, la patria, la democracia…

Otros se disputaban tierras y negocios. En todas las guerras hay quienes creen defender valores, mientras otros se apropian de lo conquistado.

Una guerra más. Unos mueren y otros se enriquecen…

Está vez hubo una diferencia: el general que sentía próxima la derrota entregó el mando a una IA y el general que pensaba ganar, percibió la maniobra y entregó el mando a otra IA.

Ambas IA concluyeron llegar al ataque total y lanzaron el exterminio de todos los humanos.

Más tarde, la tierra fue poblada por robots.

R1, el robot, sabía que oculto dentro de un robot se escondía una semilla de ser humano capaz de recomponer la humanidad.

Para recomponer la humanidad era necesario encontrar al robot que contenía la semilla de humanidad.

R1 Sabía también que el secreto estaba en aquella caja que no cesaba de abrir y cerrar sin encontrar nada en su fondo negro.

R1 comprendió entonces que no encontraría jamás el secreto escondido en un sucio cajón vacío.

Entre los miles de robots, sólo uno de ellos llevaba oculto, sin saberlo él mismo, la semilla que podría reconstituir la humanidad. ¿Cómo encontrarlo?

R1 sintió la derrota. No podría jamás descubrir a ese único robot y sin descubrirlo ya no podría jamás reconstruirse la humanidad.

Abrió la caja, miró su fondo negro, cerró los ojos de robot y lloró lágrimas de robot.

Lloró largo tiempo con sus ojos cerrados.

Cuando abrió sus ojos, miró el fondo de la caja vacía, descubrió que sus lágrimas la habían limpiado. La caja ahora brillaba como un espejo.

En el fondo, ahora se reflejaba una imagen.

El espejo reflejaba la figura de un viejo en lágrimas. El anciano, desde el espejo dijo:

– Entre todos los robots se esconde uno que contiene la semilla, pero él lo ignora.

El viejo del espejo calló un largo rato. Luego agregó:

– Descubrirás al robot que lleva la semilla de humanidad oculta dentro de sí porque …

El anciano calló…luego concluyó:Él es el único robot capaz de llorar.


Patricio Vial

Fragancia

Claude Monet- La mer à Fécamp, 1881
Olor a sal
Espuma de mar
Violento sopla el viento
Con todo su aliento
El agua se enloquece
El mar se enfurece
Su rugido
Esconde un gemido
Con fuerza de roca,
Y no es poca,
Al agua resiste
Pero ésta persiste
Solo algún grano perdido
La piedra ha vencido
Fragancia de mar
Fragancia de sal
Otra vez el viento enfurecido
El mar enloquecido
A la roca, violento, golpea
Buscando camino no rodea
Ataca de frente
Sin detente
Cuando el viento se calma
La roca no ha perdido su alma
Solo unos granos
Han quedado en ese tramo
Fragancia de mar
Fragancia de sal
El viento se enfurece
El mar a la roca mece
Solo unos granos
Pequeños pero sanos
La roca ha perdido
Como es sabido
Con el tiempo
El viento y su aliento
Grano a grano
A cada tramo
La arena va creciendo
La roca desapareciendo
El viento y el agua con su furor
La roca muriendo con todo su dolor
Fragancia de mar
Olor a sal
La playa se ensancha
El mar deja su mancha
La roca entrega con calma
Su propia alma
Arena, arena, arena
La vieja faena
Va dejando un perfume de mar
Un Perfume de sal

Patricio Vial