La Playa lejana y la escuela vacía

En puerto Montt, al sur de Chile, allí donde el continente se sumerge en el mar, cerca de la playa de Pelluco, cerca de la playa embarcadero de la isla de Tenglo... allá existía un pedazo de tierra vacío, desocupado... se llamaba Pampa Irigoin.
El 9 de marzo de 1969 ese lugar cercano a la playa fue ocupado por pobladores sin casa. Lo ocuparon para construir algo donde vivir con sus niños y sus familias.
El ministro del interior de la época ordenó su desalojo. Carabineros recibieron la orden de cargar y disparar.
9 fueron los muertos y un bebé ahogado por las bombas lacrimógenas...
Los ecos de la matanza corrieron en todo el país... la conciencia de los estudiantes nos llevó a actuar.
Sí. Entonces yo estudiaba ciencias políticas en la Universidad de Chile, en Santiago, lejos de la playa, a 1000 kilómetros de Pampa Irigoin.
La escuela de Ciencias Políticas se situaba entonces en una antigua mansión en pleno centro de Santiago, en el cruce de dos calles importantes, no lejos del congreso y rodeada de mansiones similares más o menos de la misma altura.
El 19 de agosto de 1969 los estudiantes del país proclamamos una huelga general con ocupación de universidades y bloqueo de las calles exigiendo la destitución del ministro culpable de la masacre.
Ocupamos entonces la Escuela de Ciencias Políticas y bloqueamos el tráfico de las calles adyacentes.
La calle más importante, delante de la gran puerta de la escuela fue rápidamente bloqueada y se cortó el tráfico por esa arteria.
Recorriendo las salas de clases descubrí de repente una cantidad de botellas...
¿Qué es? Pregunté.
— Son molotov.
— Molotov?
— Si son bombas molotov, botellas repletas de bencina o alcohol y con un mecha. Se prende la mecha y se lanzan... al caer el vidrio se rompe y el líquido se inflama...
Rápidamente llegó la información de que no lejos los estudiantes habían incendiado un bus de los carabineros arrojándole molotov ...
Pero por la otra calle, donde solo había una puerta de servicio, no había barricada... el tráfico podía pasar.
Entonces dije que había que formar una barricada y bloquear esa calle también.
Partí seguido por estudiantes de liceo que se habían agregado a la protesta.
Formamos una cadena.
No vi cuando los carabineros cargaron a nuestras espaldas... los estudiantes de liceo escaparon a toda carrera, quedamos solo uno de secundaria y yo.
No había donde refugiarse.
Vi que al otro lo cogía un carabinero y sentí que me agarraban firme por detrás.
Desde el techo de la escuela una voz:
— Si no los sueltan lanzamos las molotov
Entonces el carabinero que me tenía cogido desenfundó su revolver y lo apoyó en mi nuca
— Si tiran el primero que cae es este.
Yo pensé que no iba a disparar, que agravaría el conflicto político...claro, yo pensé como podría haber razonado el ministro, pero detrás, con un revolver en mi cabeza, había solo un cabo de carabineros y no el ministro...
Aparecieron unas molotov en el techo...
De pronto llegó la orden de evacuar y la patrulla se puso a correr en dirección de sus buses.
Nos llevaban al muchacho y a mí de escudos...
Si nos subían al bus... sabíamos que allí era la paliza sin testigos. Había que liberarse antes, pero ¿cómo?
Vi que de repente el muchacho tropezó y cayó... el carabinero que lo tenía lo dejó botado y siguió corriendo.
Entonces, me dije, si me chanto me larga... o...
— O me suelta o me dispara...
— Somos los últimos...
— Me arriesgo.
Y me planté...
Bueno, uffff,
¡No! Detrás venía otro más.
También siguió corriendo sin preocuparse de mí.
Vi que el estudiante siguió cojeando y desapareció.
Quedé solo en la calle desierta.

Me fui a la puerta secundaria de la escuela... golpée...
Golpée más.
De repente se entreabrió la puerta. Entré….
Dentro, vi que todos lloraban.
Pronto entendí por qué.
Por razones legales los carabineros no podían forzar la entrada a locales universitarios, pero...
Pero nos bañaron con bombas lacrimógenas...
Era casi imposible respirar.
Pronto entendí por qué.
Tirarse al suelo, mojar un pañuelo con orina y ponérselo en la nariz, o con bicarbonato...
Había que resistir. Llorar, pero no salir. La escuela debía estar ocupada hasta que llegara la consigna de retirarse.

¿Retirarse? ¿Salir? ¿Cómo?

Al anochecer, cuando las lacrimógenas se habían calmado se organizó una reunión con un importante diputado socialista.
¿Cómo entró? Por la puerta grande imposible.
Por la puerta chica... pero ¿quién iba a abrir?

Entonces el diputado tomo la palabra y nos explicó que debíamos desocupar la escuela y dejar a los carabineros custodiando un edificio vacío.

Me dije.
Excelente, pero ¡cómo salir!

El diputado dijo:
Hay que salir por el techo
Por el techo hay que pasar a la casa de al lado. Los techos están al mismo nivel.
La casa del lado no es una casa, es un hotel parejero. Vienen parejas, arriendan una pieza y luego se van.
No se olviden. Este hotel está al lado derecho de la entrada principal de la escuela. Salen en parejas y toman a la derecha y se alejan de la escuela.
Mañana haremos público que el ministro hace custodiar casas vacías. Quedará en ridículo...

Subí al techo y esperé mi turno.
Cuando llegó no quedaba ni una compañera.
Voy a tener que salir solo. Va a ser poco creíble...
Entré al hotel por una ventana en el techo, bajé piso por piso hasta la puerta de entrada ... salí pensando que salir solo era un riesgo.

Y preocupado por ir solo, al salir tomé a la izquierda.... a la izquierda y no a la derecha como previsto!
¡Mierda! Cuando me di cuenta era tarde. Estaba justo en la entrada de la escuela delante del carabinero de guardia.
¿Qué hacer? El carabinero me miró fijo.
Entonces dije:
— ¿Qué pasa? ¿No se puede entrar a la escuela de ciencias políticas?
— No señor. Ni entrar ni salir
Respondió el carabinero de guardia.
— Entendido — dije
— Ni entrar ni salir.
¡Y me fui rápidamente dejando atrás al carabinero custodiando la escuela de ciencias políticas ... vacía!
...
Los hechos ocurridos cerca de una playa de Puerto Montt no solo han tenido un eco a 1000 kilómetros de distancia, también siguen resonando lejos en el tiempo...
A mis casi 80, viviendo exilios y derrotas, sigo creyendo, como a mis 21 años, que todos tenemos derecho a educación, a comer, a la salud y a una vivienda digna.
El eco de una playa lejana sigue rebotando hasta hoy día.

PS.
El gobierno de Salvador Allende entregó viviendas a esos pobladores y en lo que fue Pampa Irigoin se alza un monumento que recuerda lo sucedido cerca de la playa de Puerto Montt.


Patricio Vial