El secreto del robot

Abrió una vez más la caja que contenía el secreto.

Dejó, una vez más, que su mente recordara la historia de la desaparición de la humanidad.

En la última de sus múltiples guerras entre humanos, algo anduvo mal, muy mal.

Unos dijeron defender grandes valores y los mandaron a morir por la libertad, la patria, la democracia…

Otros se disputaban tierras y negocios. En todas las guerras hay quienes creen defender valores, mientras otros se apropian de lo conquistado.

Una guerra más. Unos mueren y otros se enriquecen…

Está vez hubo una diferencia: el general que sentía próxima la derrota entregó el mando a una IA y el general que pensaba ganar, percibió la maniobra y entregó el mando a otra IA.

Ambas IA concluyeron llegar al ataque total y lanzaron el exterminio de todos los humanos.

Más tarde, la tierra fue poblada por robots.

R1, el robot, sabía que oculto dentro de un robot se escondía una semilla de ser humano capaz de recomponer la humanidad.

Para recomponer la humanidad era necesario encontrar al robot que contenía la semilla de humanidad.

R1 Sabía también que el secreto estaba en aquella caja que no cesaba de abrir y cerrar sin encontrar nada en su fondo negro.

R1 comprendió entonces que no encontraría jamás el secreto escondido en un sucio cajón vacío.

Entre los miles de robots, sólo uno de ellos llevaba oculto, sin saberlo él mismo, la semilla que podría reconstituir la humanidad. ¿Cómo encontrarlo?

R1 sintió la derrota. No podría jamás descubrir a ese único robot y sin descubrirlo ya no podría jamás reconstruirse la humanidad.

Abrió la caja, miró su fondo negro, cerró los ojos de robot y lloró lágrimas de robot.

Lloró largo tiempo con sus ojos cerrados.

Cuando abrió sus ojos, miró el fondo de la caja vacía, descubrió que sus lágrimas la habían limpiado. La caja ahora brillaba como un espejo.

En el fondo, ahora se reflejaba una imagen.

El espejo reflejaba la figura de un viejo en lágrimas. El anciano, desde el espejo dijo:

– Entre todos los robots se esconde uno que contiene la semilla, pero él lo ignora.

El viejo del espejo calló un largo rato. Luego agregó:

– Descubrirás al robot que lleva la semilla de humanidad oculta dentro de sí porque …

El anciano calló…luego concluyó:Él es el único robot capaz de llorar.


Patricio Vial