Cuando puse el punto final y guardé la pluma en el tintero, me di cuenta de que lo había escrito en español. Les hablo del Proyecto Easy que publiqué hace poco. Es evidentemente una figura de estilo, hace mucho tiempo que el teclado, en mi caso, ha sustituido cualquier pluma. Sin embargo, me enorgullezco de escribir y, además en español, es lo que ahora voy a contarles.
Si han leído Proyecto Easy, saben que soy informático y que, aunque nací belga, vivía en Italia, hablo italiano e incluso me he convertido en italiano. Me dirán, por supuesto, que cómo es posible tal transformación.
Me retiré unos meses antes de la fecha prevista. Había pasado 4 meses en el hospital por un pequeño problema cardíaco, nada grave, pero por problemas postoperatorios mi estancia se había prolongado. Resultado, estaba completamente desconectado. Acababa de cerrar la venta de un proyecto millonario. Me felicitaron y aclamaron en el podio de la reunión anual de Citrix en Orlando, Florida, una fiesta a la americana, a medio camino entre un encuentro de boy scouts y una convención de partido político.
Conclusión extraña para lo que había sido el Proyecto Easy. Recuerden la primera venta a la italiana Pirelli, un éxito que fue seguido por muchos otros durante varios años hasta la trivialización de este tipo de infraestructura en todo el mercado. Lo reactivamos enfrentándonos al problema mayor que tenía en su arquitectura. Habíamos sustituido las toneladas de estadísticas en papel listing con hermosos gráficos interactivos, habíamos reemplazado los horribles terminales 3270 de la IBM con elegantes PC de diseño italiano, habíamos permitido la comunicación simple y rápida, pero era una arquitectura “distribuida”, como la llamamos en nuestra jerga. La asistencia es extremadamente costosa y, por supuesto, debe ser local. ¿Qué hacer entonces? Había que centralizarla de nuevo, pero sin perder la facilidad reconquistada. Había que virtualizar el PC.
Citrix una empresa estadounidense que había desarrollado una tecnología que permitía hacer en todo o en parte lo que hoy día todo el mundo llama cloud computing. La nube, si prefieren. Mi equipo y yo nos embarcamos en esta nueva dirección, y los primeros resultados fueron más que alentadores. Empezamos a difundir esta nueva solución entre nuestros numerosos clientes.
Olivetti, en la informática, y no solo, estaba en declive. De Benedetti, su jefe, la había abandonado, ya no creía en ella y había decidido, con razón, como el futuro iba a demostrarlo, invertir en el mercado de las telecomunicaciones. Creó Omnitel, el ancestro de lo que se convertiría en Vodafone. Olivetti sin inversión se derrumbó, comenzaron por despedir a los dirigentes, yo era uno de ellos, y fui liquidado con una sustanciosa indemnización.
Tenía mis proyectos y los clientes en mis manos. Citrix, que vendía sus productos a través de pequeños distribuidores me contrató en el acto, podía abrirles la puerta a los grandes clientes en toda Italia. Trabajé duro, el éxito no se hizo esperar y cuatro años más tarde, estaba cerrando mi último contrato. Estaba jubilado. Tenía que hacer algo completamente diferente.
— Cuéntenme todo, quiénes están, su familia, sus trabajos … preguntó descaradamente Mimi en español.
Mimi, lo supimos más tarde, era su apodo, en realidad se llamaba Carmen, y por supuesto era una pura andaluza. No les ocultaré que la palabra andaluz despierta en mí emociones artísticas sin fin: la ópera de Bizet, el Bolero de Ravel, las noches en los jardines de España de Manuel de Falla, el Flamenco y sobre todo el legado que dejaron los árabes en Al Andaluz.
Mi esposa Marie Louise y yo comenzamos así con ella un largo diálogo que duró años. Debería haber grabado las miles de horas que pasamos juntos. Abordábamos todos los temas y no solo aquellos relacionados con nuestra propia historia, nuestro conocimiento recíproco se transformó en una profunda amistad que no se extingue. No solo aprendíamos castellano sino historia, política y sobre todo cultura española y, más en general, la cultura hispánica. Un verdadero tesoro inagotable del que, con nuestra cultura francesa, no teníamos ni idea. Nos inscribimos entonces por consejo de Mimi en las actividades culturales del Cervantes. Allí, ella daba un curso de literatura.
Pero no nos adelantemos. ¿Cómo hemos llegado a esto?
De vuelta a casa, al salir del hospital, un hombre como yo, acostumbrado a trabajar a un ritmo infernal, experimentaba una sensación que debía ser la de un león en jaula. No lo creerán la solución fue una telenovela. En realidad, un curso de español en 24 DVD que distribuía durante el verano el Corriere della Sera. En tres meses lo acabamos, pues durante la convalecencia apenas podía salir. Pero además, para un francófono que habla italiano con fluidez, era de una facilidad desconcertante. La comprensión era total, además cada mañana escuchaba el RNE primer canal para oír hablar. Lo que faltaba era el diálogo. Para remediar esto, participamos en todos los cursos gratuitos, eventos y presentaciones disponibles en Milán. Un día, en la Fnac que todavía existía, a mediodía, Mimi daba una pequeña clase sobre España y los españoles, maravillosamente lo entendíamos absolutamente todo.
— ¿Podría usted dar una clase particular a mi esposa y a mí, dos horas por semana? — Pregunté después de la clase.
Con Mimi fue como si nos hubiéramos vuelto españoles, no solo hablábamos, sino que escribíamos, seguíamos todo a través de los periódicos, la radio y la televisión, la política, los deportes, las películas, las series. Además, sobre todo la lectura, teníamos mucho que aprender y leer. No tardé en comprender que Cervantes, el Quijote era indispensable, la base que sostenía todo el edificio. Así que empecé mi primera lectura de esta obra maestra, habría más. Y no parábamos, íbamos con Mimi a Sevilla, para participar en la bienal de flamenco, que se celebra cada dos años, se convirtió en una cita obligada. Por supuesto, cada año también visitábamos Madrid, como para apropiarnos un poco de ella, teníamos más y más amigos.
En cuanto a la clase de literatura en español, empecé con Mimi, pero después cambiamos muchas veces de profesor, todos se convirtieron en amigos, los alumnos, mujeres, sobre todo, formaron un grupo enorme que se consolidara al frecuentar la biblioteca Jorge Guillén y su club de lectura.
Tengo que hablarles de esta biblioteca. La del Instituto Cervantes de Milán cuando estaba situado en vía Dante, la calle enfrente del castillo, este imponente castillo que en tiempos de los austríacos controlaba Milán. Se encontraba en el primer piso del antiguo edificio ocupado por todo el instituto. Era mágica, las paredes estaban tapizadas de libros, novelas por supuesto, pero también diccionarios, libros de referencia, vídeos e incluso cómics. Todo este conocimiento rodeaba grandes y hermosas mesas de madera que se podían configurar según las necesidades, pero sobre todo, para orquestar este maravilloso escenario, estaba el hada del hogar, el ama de casa, una persona excepcional, la amiga de todos: Ana López. Una de las muchas actividades que administraba era el club de lectura, Aire Nuestro, como se llama también la obra maestra de Jorge Guillén.
En ese momento, la página web del instituto era más que sucinta y, por supuesto, las redes sociales no eran muy frecuentadas. Ana había visto lo que yo había creado para acompañar, memorizar e ilustrar el curso que Mimi daba entonces sobre el tema de la comunicación (Los medios). Inquebrantable informático no podía evitar utilizar las técnicas actuales para compartir con mis compañeros, o más bien mis compañeras de clase, los logros del curso. Con Ana que había visto lo que se podía hacer, proyectamos lo que más tarde sería una verdadera revista electrónica, la llamamos Aire Nuestro como el club de lectura. El objetivo era acompañarlo, completarlo, recordarlo. Hoy en día puedes encontrar en el menú la historia del club y consultar los artículos de la época.
El club de lectura fue creado en 2009 por Ascen que era la bibliotecaria en ese momento, yo fui parte del grupo inicial, el primer autor invitado fue Dante Liano, un famoso escritor guatemalteco, autor de un libro de cuentos i catedrático de literatura hispanoamericana en la Universidad Católica de Milán. El moderador, Arturo Lorenzo, director del centro y escritor también, fue un éxito. Así que continuamos bajo la dirección de Ascen hasta el 2012 al ritmo de un libro por mes. Los libros elegidos eran para los neófitos que éramos, grandes libros, no usaré el término de best-sellers que habría sido más bien un criterio de exclusión según nuestros gustos. No puedo citarlos todos, por supuesto, pero si les dejo algunos nombres: Roberto Bolaño, los detectives salvajes, José Luis Sampiedro, Santiago Roncagliolo, Luis Sepúlveda, Elvira Lindo…. No podíamos invitarlos, obviamente, excepto unos pocos que estaban en Milán para presentar una traducción al italiano. Pero el club funcionaba bien y el debate entre nosotros era interesante, y había cada vez más participantes.
En 2012 Ascen dejó el Cervantes y regresó a España, Ana con su entusiasmo habitual la sustituyó, pero como no había hecho estudios para ser bibliotecaria no se podía nombrar, pero para los usuarios, la biblioteca era ella, era indispensable, el Cervantes de aquella época no intentó sustituirla. Por el contrario, más que nunca, las actividades de animación se multiplicaron, visitas a escuelas, cursos de informática y, por supuesto, nosotros retomamos los clubes de lectura, algunos de nosotros, entre ellos yo mismo, nos improvisamos moderadores.
En 2014, Valeria Correa Fiz, se unió a nosotros para moderar los clubes organizados con la presencia del autor, y en general de libros más actuales. Ella tenía experiencia, era argentina, abogada, y había llevado este tipo de actividad en Florida, Miami, y actualmente en Milán dirigía un club en la librería internacional Melting Pot.
Habíamos puesto la quinta marcha. En el campo literario, Valeria es un pozo sin fondo de conocimientos, culturas y competencias, no solo españolas o latinoamericanas, sino también inglesas, francesas, etc. La conocí en un encuentro de poesía en el instituto, ya allí me asombraron sus preguntas, y su natural facilidad. Además, es poeta, ha ganado importantes concursos y publicado poemarios. A todos nos impresionó la empatía que ella sabe desarrollar durante nuestros encuentros. Con o sin autor pasar una hora con ella sobre un tema cultural es absolutamente inefable.
Hasta ahora ha moderado 51 clubes, de los cuales 30 en presencia y 21 en línea. Los autores y autoras que participaron en ella fueron 44. Hubo personajes famosos como Antonio Muñoz Molina, Fernando Aramburu, Marta Sanz, Berna González Harbour, David Trueba, Clara Obligado … Lo más extraordinario era la intimidad que había alrededor de la mesa, muy diferente a un estrado donde se hallarían los oradores encaramados resguardados de las preguntas del público.

Pueden verlo en esta foto que sirve como banner para nuestra publicación. Valeria está en el centro de la imagen junto a Muñoz Molina.
Y solo se ve la mitad de la audiencia, hay otros tantos del otro lado. De hecho, somos cada vez más. Podemos medirlo cada año cuando Ana organiza el día del libro, la Sant Jordi, como en Barcelona. Es un poco como nuestra fiesta anual.
Las primeras veces que nos hizo descubrir esta práctica inusitada en Italia, se trataba simplemente de ofrecer una rosa a los visitantes que se presentaban y leían un poema o un extracto de libro. Después la insaciable Ana, acompañada de los numerosos voluntarios con los que se había rodeado, inventó juegos, organizó sesiones de fotos en un escenario inesperado, encontró patrocinadores para ofrecernos un aperitivo con tapas a la española, por ejemplo. Iris, una de las voluntarias más activas, un año hizo las rosas en crochet, cada vez finalmente nos preparaba pequeños regalos maravillosos que ella hacía con los materiales más extravagantes.
Entonces nació otra idea que poco a poco se iba transformando en un verdadero café literario. El Tapañol. Tapas en español. Habíamos observado que la cerveza y el vino desataban las lenguas, después de una caña o una copa nuestro español era solo mejor. Una vez al mes nos reuníamos en un bar para charlar en español. El éxito fue inmediato, cada vez más gente participaba. Al contrario de lo que algunas escuelas organizaban, no era un curso sino una simple reunión entre amigos para hablar de todo y de nada, sin coacción. Después de algunos años, por supuesto, la afluencia se redujo, se necesitaba algo más para relanzar la idea.
El concurso de microrrelatos no solo salvó nuestros encuentros, sino que iba a dar lugar a una fuente inagotable de textos y autores que aún hoy se publican con éxito en la revista del mismo nombre. Es muy simple: sobre un tema dado, o una pintura o una foto, los participantes envían un texto de tamaño pequeño o mediano por correo electrónico. Los textos se reúnen, revisan y presentan al público del Tapañol para su votación. En aquel momento en el bar los autores los leían ellos mismos. Los ganadores se publicaban en internet en una revista que ya entonces llegaba a más de 300.000 lectores en todo el mundo hispano.
A quien le gusta leer, le gusta conocer: conocer es también sumergirse en otras áreas, otras historias, otras vidas reales o imaginarias. Mejor aún, con la escritura se pueden crear y contar.
Valeria lo sabía bien, ella publicó mientras nosotros la frecuentamos no solo nuevos poemarios sino sobre todo dos maravillosos libros de cuentos, La condición animal y Hubo un Jardín. Usted debe saber que no solo animaba la mayoría de los clubes de lectura, sino que se encargaba del curso de literatura contemporánea, organizaba seminarios de lectura y, sobre todo, dirigía un curso o más bien un taller de escritura creativa. Para nuestro grupo se había convertido en indispensable.
Fue un trueno en un cielo sereno cuando nos enteramos en 2015 que se estaba mudando a Madrid, por su carrera literaria, por supuesto, pero también porque su esposo también tenía que mudarse.
Curiosamente, esta es la situación que nos ayudaría a estar entre los primeros en superar e incluso transformar en éxito el período de la COVID, la terrible pandemia de 2020.
El club de lectura continuó porque Valeria venía a Milán, para animarlo. Las clases de literatura siguieron con varios profesores. El taller de escritura era un gran problema. El Cervantes me pidió que encontrara una solución. Instalamos en la biblioteca, donde se realizaba el taller, una gran pantalla y una cámara al final de una gran mesa, en medio de la cual había una micro de conferencia, todo esto conectado a un ordenador equipado con el software Skype (videotelefonía), lo que permitía transportar de alguna manera a Valeria a la biblioteca y vernos tranquilamente sentados en su casa, detrás de su escritorio y su ordenador. Era yo quien estaba detrás del teclado en Milán, me había convertido además de participante, en una especie de asistente cibernético como todavía hoy a Valeria le gusta llamarme. Me apodaron JC, es más fácil de pronunciar que Jean Claude para un español o un italiano.
Cuando el confinamiento se hizo inevitable y las calles estaban desiertas, todos estábamos detrás de nuestro ordenador, para muchos ya su instrumento de trabajo, para otros un medio mejor que la televisión para ver películas o series, asistir a conferencias o conciertos. Los instrumentos de videoconferencia se desataban. Yo elegí Zoom un recién llegado que rápidamente demostró ser el mejor a pesar de la guerra despiadada que Microsoft, Google y otros llevaron en contra de él. Compré la versión profesional y propuse al Cervantes de Milán retomar «en línea» el seminario de literatura y sobre todo el taller de escritura con Valeria que no dudó en lanzarse a esta aventura. Fue un éxito inmediato, nuestro grupo estaba preparado, fuimos los primeros y Valeria era genial detrás de una pantalla. Esto se supo rápidamente y los participantes fuera de Milán, fuera de las fronteras y algunas veces incluso fuera de nuestro continente no tardaron en unirse a nosotros. Además, el uso de la informática permitía registrar todo, por lo que estar ausente, tener un impedimento ya no era un problema, podíamos revisar todo, las clases y los clubes de lectura.
Les dejo imaginar lo que pasó con estos. El autor siempre podía estar presente, no había gastos de viaje, solo los horarios podían ser un problema. Al principio la participación superó todas nuestras esperanzas, para Marta Sanz si recuerdo bien teníamos, conectadas, cerca de cien personas, pero lo más formidable fue que Valeria pudo invitar a los seminarios autores originarios de toda América Latina.
Por supuesto, el final de la pandemia hizo renacer la necesidad de darse la mano, de besarse, de conocer directamente a las personas, pero la innovación, acortar distancias, las grabaciones y muchas otras ventajas no se podían perder. Por lo tanto, será necesario que coexistan lo virtual y lo presencial.
El Tapañol es un ejemplo. Se adaptó perfectamente, la participación pudo ampliarse y el proceso de selección se hizo natural, hoy son excelentes escritores los que participan. Pero cuando los contactos pudieron reanudarse le dedicamos un día más donde los milaneses podían charlar, levantar el codo, y «tapear» sin restricciones en un bar simpático.
“The truth is that writing is the profound pleasure and being read the superficial.” (Virginia Woolf)
“La verdad que escribir constituye el placer más profundo, que te lean es sólo un placer superficial.” (Virginia Woolf)
Es muy cierto, creo, pero ¿quién rechaza lo superficial?
Hemos creado a través de todas estas actividades una poderosa herramienta, el blog, los blogs y las redes sociales para distribuirlas.
Aire Nuestro (150 mil lectores) y Los Amigos de Cervantes (450 mil lectores). Detrás de ellos, un auténtico banco de datos Microrrelatos del Tapañol que en forma de revista electrónica recoge, ensambla y permite navegar por los cientos de textos que hemos publicado.
El texto que están leyendo está ahí, incluso si han recibido el enlace a través de blogs o redes sociales. Es parte de una colección de relatos de JC Fonder que he llamado «Relatos breves».

