El músico

Músico camino de casa
HUGO MÜHLIG (1854 – 1929)

Las gallinas cacarean, el gallo canta. 
Víctor está de vuelta. 
Su primera tarea será cuidarlas.
Con el contrabajo en el hombro, camina cansinamente por el sendero polvoriento que serpentea entre las cercas. La casa no está lejos, todavía algunos pasos apoyados sobre su paraguas, agotado también.
Ha sido un día largo. Esta mañana se levantó temprano, con el primer canto del gallo. Fue a ordeñar las dos vacas que aún tiene. Gracias a su gira, ha podido permitirse que el toro del vecino haya cubierto a la más joven, y espera un ternero este año. Luego dio de comer a los cerdos y al conejo gordo que se comió los restos de verduras del día anterior. A continuación, él mismo almorzó una rodaja de salchicha ahumada de su propia producción con dos huevos recién puestos, que había recogido en el gallinero.
Con el melón cubrió los pocos cabellos blancos que le quedaban, se puso el impermeable, levantó su precioso y grave instrumento, lo colgó detrás del hombro y agarró como un bastón su paraguas.
Cuando era más joven formaba parte de varios grupos de jazz. En ese momento estaba muy de moda, y no tenía demasiados problemas para cuadrar las cuentas. Sobre todo, porque eran dos; él y su joven esposa clarinetista con la que disfrutaba de la vida. Pronto nació Paul, orgullo de la joven pareja que, por supuesto, muy pronto se convirtió él también músico. Su elección fue ambiciosa, se volcó hacia el piano clásico, pudo emprender una carrera que le llevó a dar conciertos en todo el mundo. 

Víctor entra en el patio, un maravilloso olor a estiércol le estaba esperando. Hoy ha sido un buen día, ha tocado en la fiesta de una pequeña casa vecina, dos músicos improvisados lo han acompañado. Toma la regadera y sus herramientas de jardín, la música aún resuena en su cabeza.



Jean Claude Fonder