
EL BOSCO (1453 – 1516)
Hoy, acompañado de su hijo Pedro, Pablo ha decidido ir al Prado, como lo hace regularmente, para visitar una de las obras principales del famoso museo.
El tríptico del Jardín de las Delicias es una amalgama monstruosa de los reinos vegetal, animal y mineral. En el exterior está representada La Creación del mundo mientras que el tríptico abierto deja ver a la izquierda la Creación de Eva y a la derecha El Infierno del músico. En el panel central, son pequeñas escenas que giran en torno a una fuente de vida colocada sobre una esfera azul. Ocupa intencionalmente el eje de la composición en medio de un desorden aparente que responde a una lógica del sueño. El inmenso jardín que invade casi toda la altura del cuadro está desprovisto de sombra. A modo de árboles, está erizado de construcciones híbridas en forma de conos, de husos, de anillos o de agujeros abiertos de los que surgen bosquecillos, y traduce también la atmósfera irreal de este paraíso ilusorio. ¿Cómo explicar y descifrar este imaginario fantástico que no es otro que el de Jerome Bosco? Contemporáneo de Durero, Rafael y Miguel Ángel, el artista, nacido en Bois-le-Duc, Holanda, aparece sin embargo como totalmente ajeno a estos pintores. En efecto, entre el florecimiento de la pintura flamenca y el advenimiento del Renacimiento, Jerónimo Bosco parece más bien cerrar los tiempos medievales que anunciarlo.
Pedro delante de este monumento permanece asombrado. Intenta descifrar el laberinto de escenas que abarrotar el cuadro. Todas más extrañas que las otras, mezclando lo real y el enigma, lo fantástico y lo esotérico. Las fantasías eróticas se multiplican por todo el cuadro. Los desnudos se adentran en peces ahuecados o en cáscaras de huevo vacías, otros hacen la ronda alrededor de fresas gigantes. Alrededor del lago de placer, los hombres desnudos cabalgan panteras, dromedarios, ciervos o caballos en posiciones acrobáticas que aluden a los juegos amorosos. Por todas partes son malabares y piruetas obscenas. En este jardín de Eros abunda un montón de frutas y símbolos: los picoteamos, nos atiborramos de ellos y nos ocultamos de ellos. Patas de insectos, plumas y picos de aves, cabezas de reptiles o batracios, miembros humanos o máquinas fantásticas puntúan su obra en un universo caótico.
— ¡Papá! ¿No parecen todas pequeñas obras de Dalí?
- Ya publicado en Alquimia Literaria
Jean Claude Fonder

