
DANIEL RIDGWAY KNIGHT (1839 – 1924)
En invierno, nuestros pasos se hunden ligeramente como en una alfombra silenciosa. La nieve cubre de blancura todo el paisaje. El frío protege la vegetación latente, deshaciéndose de los parásitos que la invaden en verano. En las carreteras, no hay barro, la nieve vela para que así sea. Cada vez que hay que extender su capa blanca como si borrara una pizarra.
En invierno hay menos que hacer en el campo y los chismes proliferan. Tres muchachas se encuentran de camino al mercado, una vende leche fresca ordeñada, las otras verduras apenas cosechadas. Charlan.
— María, ¿vendrás a bailar esta noche? Me han dicho que participarán dos jóvenes aspirantes de la escuela militar.
La joven, que remangaba su delantal con la jarra de leche, desvela así la falda cuyo color recuerda el rojo de los pantalones militares franceses. Se menea, soltando una pequeña risa cristalina.
— Francisco, lo conozco. Estará aquí esta noche, su amigo Jacques lo acompañará, él tampoco está mal.
Estaba pensando en el bonito vestido blanco que iba a llevar. Las dos hermanas que acababa de encontrar, encorvadas bajo el peso de sus cestas, no le parecían capaces de competir con ella. Ella había elegido a Francisco. Estaba segura de seducirlo.
Bueno, tenía que darse prisa si quería vender su leche.
A lo lejos, sobre los tejados nevados del pueblo, las nubes de invierno se amontonaban. Sin duda la nieve invadiría pronto este cielo de invierno. Los copos abundarían como en las bolas. La vida será bella y esa noche, irán a bailar.
- Ya publicado en Alquimia Literaria
Jean Claude Fonder

