“Uchumbe” ( v.)

De repente despierto y me doy cuenta de que estoy dentro de un tren y estoy viajando. Miro alrededor… No hay ningún  pasajero cerca. Me quedé dormido con el libro abierto que estaba leyendo. Está en otra página que no es la misma. Leo…

“Entraban los españoles en los poblados y no dejaban niños ni viejos ni mujeres preñadas que no desbarrigaran e hicieran pedazos. Hacían apuestas sobre quién de una cuchillada abría un indio por medio o le cortaba la cabeza de un tajo. Arrancaban las criaturitas del pecho de sus madres y las lanzaban contra las piedras. A los hombres les cortaban las manos. A otros los  amarraban con paja seca y los quemaban vivos. Y les clavaban una estaca en la boca para que no se oyeran los gritos…”.                                                                            

Había empezado a leer “Amor Fou” de Marta Sanz y me encuentro con relatos de Fray Bartolomé de las Casas… Quizás dormido alguien me cambió de libro…

Los despojadores, sátrapas y asesinos arrasaron hasta con su nombre y le pusieron otro.

”Uchumbe” los originarios lo llamaron. Hermoso territorio compartido, herencia precolombina e incapaces de la maldad o de la trampa. 

Impactado, me atropellan imágenes… de lo recién soñado. Antes de olvidarlo, lo escribo…

… Camino con mis pies desnudos sobre un césped que respira. Una fuerza, una atracción de poderosos imanes me van integrando a un maravilloso paisaje rodeado de flores preñadas de colores vivos… 

Una suave brisa me señala caminos secretos de imperceptibles sonidos.

Microcosmos musicales emanados del magnetismo de una antigua cultura aún presente, envuelve todo mi ser. Signos ceremoniales e invisibles me dan la bienvenida. 

Chamanes jaguares y escultores graban en lo pétreo la perenne presencia de sus dioses con la naturaleza integrada a un todo, a la vida y a la muerte.

Mujeres y hombres campesinos me saludan. Su piel es la misma piel de la tierra…

Olmo Guillermo Liévano