Nuestra Tierra

 

«El que no es de aquí, a su tierra» 

Frase inolvidable de doña Mara Cubina, quien se marchaba a la capital en busca de algo nuevo que cambiase su vida espiritual; bueno los pocos amigos que la despedían le deseaban el bien, los burlones murmuraban diciendo que muy pronto volvería. 

Cargada con pocas cosas, llevaba con ella  su mula que decía en un pueblo la vendería para poderse  ayudar, llevaba sobre ella dos patos y dos pollos, sobre su hombro un costal viejo con pocos vestidos y su viejo perro que la seguía como un ángel guardián. 

Eran tiempos difíciles donde la sequía abrumaba con su ironía, la moneda se deterioraba y la corrupción flotaba como estiércol en alta mar.

Aun así se lanzó al río olvidándose del frío (tiempo de invierno en Lima).

Bueno pasados 10 días doña María volvió al mismo lugar, sin mula, ni perro solo una bolsa con un pan; sus estropajos los dejo en algún lugar; la curiosidad no se hizo esperar, sapos sapitos al agua (chismosos)

¡Qué pasó doña María! casi al unísono fue el clamor popular; una breve pausa y se echó a llorar.

Llorando contaba su tristeza: la gente es muy mala, mucho ruido, carro por aquí y por allá, demasiada gente y no hay trabajo y continuaba con su delirante llanto. 

Las vecinas: cálmese señora, ya pasó, ni modo ahora debe volver al campo a trabajar; 

Si vecina, además allá todo esta pavimentado y el frio a mis huesitos lo han maltratado, aquí la tierra de chacra es caliente…. ya nunca más saldré de este lugar.

Nota: a veces no sé si es el amor a nuestra tierra que tantas veces nos hace retornar o la falta de fuerza y voluntad por progresar.

Luis Alberto Prado